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EL TALENTO EN LA NUEVA NORMALIDAD

“Nada es tan doloroso para la mente humana como un gran y repentino cambio”. – Mary Shelley, FRANKENSTEIN.

El año nuevo siempre es una buena época para “futurear”.
Usted sabe lo que es un algoritmo; aun cuando no logre una definición precisa, lo sabe, porque interactúa con ellos todos los días: controlan sus ahorros y su crédito, le informan a Facebook, a Youtube y a todas sus redes sociales, sobre sus preferencias, y eso permite que reciba la publicidad que le ayuda a decidir el próximo curso que tomará, el libro que comprará, etc.; en ese complejo mar de información de la Internet, sin duda, viene bien un poco de ayuda, excepto para aquellos que podrían estar sufriendo el “Síndrome de Frankenstein”, es decir, el miedo que los humanos sentimos de perder el control de nuestras creaciones.


Nada que temer -dirán los más entusiastas- no obstante, algunos intuyen que el trabajo que hoy desempeñan, más pronto que tarde, podría ser desempeñado por algoritmos; tal vez podrían tener algo de razón: en el 2013, Carl Benedikt Frey y Michael A. Osborne publicaron, a través del “Oxford Martin Programme on Technology and Employment”, un informe denominado “The Future of Employment: How susceptible are Jobs to Computerisation“; entre otros asuntos, el informe destaca su predicción respecto de que, para el 2033, muchos empleos actuales serán sustituidos por algoritmos, por ejemplo, hay 99% de probabilidad de que les ocurra a los agentes de seguros; 98% a los árbitros deportivos; 84% a los guardias de seguridad.


Aquí es donde, tal vez, usted piense -Bueno, sí, pero, son empleos que no requieren de gran talento-; ¿Qué tal si pensamos en algo que requiera capacidad de acumular conocimiento, de analizar información, de sintetizar y de publicar en un diario importante?; entonces, permítame algunos hechos:

  • En 2014, en el sitio web de The Los Angeles Times; apenas tres minutos después de que el terremoto se detuviera, el algoritmo Quakebot, publicó la noticia.
  • En 2017, una pequeña agencia, JX Press Corp, difundió, en Japón, 40 minutos antes que las grandes cadenas, la noticia sobre la muerte del hermano de Kim Jong-Un. Esta agencia de noticias es una startup, donde laboran más ingenieros que periodistas.
  • En mayo de 2020, Microsoft anunció que varios de sus periodistas de MSN serían reemplazados por periodismo robotizado.


Bueno –dirán otros- los algoritmos jamás adquirirán la sensibilidad humana. ¿Qué tal EMI, algoritmo desarrollado por David Cope, tratando de imitar a Johann Sebastian Bach?; en un solo día, EMI compuso 5,000 piezas. Parte de la obra fue presentada en un festival, logrando entusiasmar al público. EMI ya ha aprendido a imitar a Beethoven, Chopin, etc.


Pero, bueno, -otros más pensarán- no creo que alcancen la genialidad que se requiere para dirigir una empresa. En 2014, Deep Knowledge Ventures, una organización de capital de riesgo, incluyó, en su consejo directivo a VITAL, un algoritmo que tiene derecho a voto en las decisiones de inversión. Aún más, con el voto de VITAL, la empresa ha adquirido una farmacéutica que ha desarrollado OncoFinder; otro algoritmo que selecciona y evalúa terapias personalizadas contra el Cáncer. Ahí lo tiene usted, Algoritmos recomendando contratar a otros algoritmos.


Bueno, pero, -digo yo- aún nos quedan nuestras emociones y sensaciones; a menos que usted piense, como Yuval Harari, que nuestras emociones son complejísimos algoritmos biológicos, desarrollados y puestos a prueba durante siglos, para responder a las complejidades de la supervivencia.


Cómo sea; los algoritmos están aquí y nos han demostrado que pueden ser estupendos auxiliares para reducir las consecuencias de las disrupciones catastróficas; durante la actual pandemia han sido capaces, no sólo de crear efectivos medios de alertamiento y control de los contagios, sino también de sostener la continuidad de las cadenas de suministro y la marcha de los sistemas educativos y de capacitación.


El fuerte cuestionamiento, al que venían siendo sometidos los sistemas tradicionales de formación de talento, comienza a dar frutos; el aula y el horario dejan de ser costosísimas barreras de acceso a la formación; las arraigadas estrategias de evaluación, basadas en el conocimiento enciclopédico, demuestran sus debilidades ante las basadas en competencias; los burocráticos procesos de certificación ceden ante la agilidad de las credenciales alternativas.
Zoom, BigBlueButton, Google Classroom, Moodle, representan las puertas de acceso a la nueva normalidad formativa, en la que será difícil que los alumnos vuelvan a conformarse con (y a pagar por) los “power points rellenos de copy&paste” y aderezados con las improvisaciones retóricas de los instructores.
La nueva normalidad irá mucho más allá; pronto se generalizarán los algoritmos de inteligencia artificial que, por ejemplo, corrijan la pronunciación de cada alumno que esté aprendiendo un idioma o, tal vez, que moderen una discusión y obtengan consensos.


¿Hacia dónde evolucionará la docencia?; ¿qué habrá que aprender para enseñar?; ¿surgirá algo como la “ingeniería de experiencias didácticas”?
Si estos temas llaman su atención, manténgase en contacto, hablemos de ellos, aprendamos juntos.

F.Crisóstomo.

Para ir más a fondo:
THE FUTURE OF EMPLOYMENT: HOW SUSCEPTIBLE ARE JOBS TO COMPUTERISATION:

https://www.oxfordmartin.ox.ac.uk/downloads/academic/future-of-employment.pdf
PRIMER ARTÍCULO ESCRITO POR UN ALGORITMO EN THE GUARDIAN: https://www.theguardian.com/australia-news/2019/feb/01/political-donations-plunge-to-167m-down-from-average-25m-a-year
BACH STYLE CHORALE EMMY DAVID COPE: https://www.youtube.com/watch?v=PczDLl92vlc
DEEP KNOWLEDGE VENTURES ANNOUNCES NEW INVESTMENT FUND FOR LIFE SCIENCES AND AGING RESEARCH: https://www.eurekalert.org/pub_releases/2015-12/brf-dkv121515.php

LA SEGURIDAD ES COSA DE NIÑOS

La infancia tiene sus secretos y sus misterios; pero ¿quién puede decirlo o quién puede explicarlo? Max Muller.

Con todo lo desagradable que pueda ser el dolor, su función es indispensable para evitar o limitar los daños; la insensibilidad al dolor podría llevarnos a sufrir graves lesiones sin percatarnos de ello o a ignorar un problema de salud que podría curarse con un tratamiento oportuno. La incidencia de este tipo de desorden es muy baja, su origen es principalmente congénito y se caracteriza por una interpretación anormal de los estímulos dolorosos. Quienes lo padecen pueden ser normalmente sensibles al tacto, a la temperatura y a la presión; no obstante, como consecuencia de no sentir dolor pueden ser víctimas de graves daños (fracturas, amputaciones, quemaduras…).

De igual manera que el dolor, el arrepentimiento (o la sensación de culpa) tiene la función de evitar que nuestra conducta sea causa de daño a otros; su ausencia es característica de la psicopatía, un trastorno antisocial de la personalidad. Recientemente, mediante estudios de tomografía, ha sido posible establecer que los psicópatas tienen conexiones defectuosas en el lóbulo prefrontal cerebral, encargado de las emociones, los impulsos y la toma de decisiones, dando lugar a una conducta anormalmente agresiva e irresponsable. El psicópata mentirá, manipulará y engañará, sin sentir remordimiento; aunque no necesariamente cometerá delitos, le resultará imposible sentir empatía.

El neuroeconomista Paul Zak, basado en 10 años de experimentos, ha establecido la relación entre la empatía y la oxitocina. La oxitocina es una molécula que tiene la capacidad de hacernos sensibles a los sentimientos ajenos; la mayoría de nosotros podemos liberarla en forma natural. Zak ha encontrado que el 5% de la población no libera oxitocina y que, en consecuencia, su conducta no revela señales de empatía. También ha evidenciado que la liberación de oxitocina puede ser inhibida por una nutrición insuficiente, por antecedentes de abuso sexual, por el estrés y por el exceso de testosterona.

Tanto la insensibilidad al dolor como la sicopatía son incurables; la primera tiene un origen genético, la sicopatía tiene un origen multifactorial, pero es esencialmente producto de un deficiente desarrollo neuronal; es decir, es posible evitar el desorden neuronal actuando sobre la etapa de desarrollo del individuo.

Ya en 1975, James W. Prescott, en “The Bulletin of the Atomic Scientists”, afirmaba que la tendencia a ejercer violencia física se desarrolla, mayormente, en individuos que crecen en ambientes de privación afectiva y en condiciones represivas de su sexualidad.

Prescott argumentaba que, al nacer, el cerebro humano es extremadamente inmaduro y que hasta los dos años hay un proceso continuo de desarrollo de nuevas células cerebrales que se interrumpe y reinicia periódicamente aproximadamente a los 3, 7, 11 y 15 años de edad. Durante estos periodos, el desarrollo puede verse afectado, incluso anulado, por privaciones de afecto sensorial. Las investigaciones han documentado que la privación somatosensorial, durante los periodos de desarrollo, altera el sistema bioquímico, provocando comportamientos altamente agresivos. Las investigaciones de Prescott le permitieron predicciones que se comprobaron en 48 de 49 culturas estudiadas. Las relaciones estadísticas resultantes de estos datos son extraordinarias:

  • la probabilidad de que una sociedad que es físicamente violenta, sea físicamente afectuosa hacia sus infantes y tolerante de su conducta sexual premarital es del 2 por ciento (48/49);

  • la probabilidad de que esta relación ocurra por casualidad es de 125,000 a uno.

Como puede apreciarse, aquí hay un hallazgo firmemente sustentado: Es altamente improbable que las sociedades humanas que son físicamente afectuosas, sean físicamente violentas. Basado en los hallazgos de sus investigaciones, James W. Prescott elaboró los…

…Principios para la Paz Personal, Familiar y Mundial:

  • Todo embarazo debería ser un embarazo deseado. Cada niño debe ser un hijo deseado.
  • Todo embarazo debe estar libre de alcohol, drogas, tabaco y otros nocivos agentes del estrés.
  • Todo embarazo debería tener la nutrición y la salud adecuadas.
  • Cada parto normal debe efectuarse sin drogas.
  • Todo nacimiento debe ser un acontecimiento de amor con los amigos y la familia.
  • Todos los bebés deben ser amamantados durante dos años o más y se les dará un masaje amoroso todos los días.
  • Cada bebé debe ser cargado sobre el cuerpo de su madre, padre o cuidador tanto como sea posible.
  • Ningún bebé, niño o persona debe ser sometida a ninguna forma de mutilación genital por motivos de creencias religiosas o costumbres sociales.
  • Ningún bebé o niño debe ser golpeado, azotado o humillado.
  • Ningún bebé o niño debe llorar hasta dormirse.
  • La dignidad personal de cada bebé y niño siempre debe ser respetada y afirmada.
  • La sexualidad emergente de todo niño y adolescente debe ser siempre respetada y honrada.
  • El derecho a la libre determinación sobre la expresión sexual del afecto y del amor es un derecho humano básico de todas las personas.
  • Todo ser humano debe recibir un masaje amoroso todos los días.
  • El afecto y el amor sexual son manantiales esenciales para la paz humana, la armonía y la paz.
  • El hogar y la familia pueden ser cuna de la alienación y la violencia o cuna del amor y de la paz universal.

Desde aquel entonces, Prescott nos advertía sobre el hecho de que la violencia humana adquiría características epidémicas y que, a menos que las causas fueren aisladas y tratadas, la propagación continuaría y, con ella, crecerían nuestro miedo y nuestra perversa tendencia a las soluciones de violencia preventiva.

Hoy, que en México atravesamos por un periodo de vacas flacas, debemos racionalizar el gasto público, hurgando en el conocimiento científico para priorizar nuestras políticas públicas.

¿Acaso alguien piensa, aún, que la guerra anti-narco o anticrimen o anti-“lo_que_sea” tiene alguna posibilidad de éxito?

¿Acaso no es tiempo ya de frenar el dispendio en la fracasada Guerra Anti-“lo_que_sea” y de destinar esos recursos a la formación de los futuros ciudadanos?

¿Acaso no hemos tenido suficiente de los programas educativos que forman empleados competitivos, en lugar de individuos empáticos?

¿Acaso los padres necesitamos leyes para poner en práctica los principios de Prescott?

F. Crisóstomo.

TRUMPADAS Y TWETTIZAS

La patria es sentirnos y hacernos dueños, amplios y grandes con nuestro cielo y nuestros campos, con nuestras montañas y nuestros lagos… Decir patria es decir amor y sentir el beso de nuestra madre, las caricias de nuestros hijos y la luz del alma de la mujer que dice: ‘yo te amo’. Guillermo Prieto.

Aunque tengo muy claro que el “hubiera” es la peor conjugación de verbo haber –entre amigos decimos que es el “pluscuanpendejo”– no puedo evitar, cuando leo la historia de México, dejar escapar algunos.

A veces entre suspiros, a veces entre “chingaos”, se me escapan los “hubiera”; por ejemplo: si Moctezuma no hubiera sido tan “cuiloni”; si hubiera hecho caso a Cuitlahuac; si no hubiera recibido a Cortés en el palacio de Axayacatl (como Peña recibió a Trump); si los guerreros aztecas hubieran culminado, definitivamente, su triunfo militar en la Noche Triste.

Pero, como en todos los hubiera, no hay “pa’tras”, solamente queda el pesar; pero, lo que más pesa es que, una y otra vez, decidimos ignorar la historia; hemos olvidado, por ejemplo, que: la bandera norteamericana ondeó en Palacio Nacional de septiembre de 1847 a junio de 1848, después de la oprobiosa invasión encabezada por el General Winfield Scott; una invasión a la que contribuyó la apatía de muchos mexicanos; Puebla, por ejemplo, se rindió sin un solo disparo, pues, entre otras razones, el clero amenazó con excomulgar a cualquier mexicano que atentara contra la vida de algún soldado norteamericano (mediando un acuerdo entre curas y gringos de respetar el patrimonio de la iglesia). Oprobioso, sin duda, fue también el “brindis del desierto”, un evento preparado por diputados, periodistas e intelectuales ultra liberales, encabezados por Miguel Lerdo de Tejada, donde le ofrecieron a Scott tomar la presidencia de nuestro país. Y, qué decir de la Mexican Spy Company, el grupo antiguerrillero creado por Scott para asesinar a los insurgentes mexicanos: mexicanos espiando y denunciando a mexicanos, a cambio de unos cuantos dólares.

Por poder, por dinero, por miedo o por simple veneración “empinosa” (de empinarse), muchos decidieron “hacerse de ladito”, pero no todos; ahí estuvo un grupo de civiles defendiendo el primer cuadro de la ciudad de México; ahí estuvo el padre Jarauta con sus guerrilleros; ahí estuvo la gente del pueblo, como Martha Hernández, que diezmó a los gringos a puras “Trompadas”; las “Trompadas” son unos dulces deliciosos que Martha preparaba, especialmente para los gringos, mezclándolos con “veintiunilla”, una hierba venenosa que los mandaba al “Mictlán” a los veintiún días.

La Historia, como yo la veo, está compuesta de historias, de esos relatos que hemos creado y creído para convocarnos a la colaboración. Como ha dicho Yuval Noah Harari, el progreso de nuestra especie puede ser explicado desde nuestra creatividad y nuestras creencias: a diferencia de otras especies, hemos sido capaces de crear y creer fabulosas historias que nos convocan a una colaboración profunda y extendida.

Poderosas instituciones de colaboración se han desarrollado a partir de las historias escritas en la Biblia, el Corán y el Dhammapada; casi el 60% de la población mundial cree en las historias ahí escritas y muchas de esas personas estarían dispuestas a sacrificar todo por sus creencias, incluso la vida (propia y ajena). El dólar, dice Yuval, es una de esas historias, que se fortalece entre más gente cree que, a través suyo, puede conseguirse casi cualquier cosa, en casi cualquier lugar del mundo. Eso se confirma hoy que las “Trumpadas” de Donald le han puesto una “Twittiza” a nuestra moneda. Sin importar quién los escriba, 140 caracteres no pueden tener esa clase de poder; entonces, ¿qué es lo que ha producido esos efectos?

En gran parte, ese poder surge de nosotros mismos, de las historias que, mezquinamente, nos contamos y hacemos válidas con nuestras elecciones y preferencias, otorgando nuestra confianza a los productos gringos por encima de los nacionales. Pero, no crea que soy un ciego nacionalista, yo sé que la confianza no puede ser un acto de fe, que el orgullo nacional no puede ser solamente una expresión patriotera; el orgullo nacional debe ser resultado de la confianza en nuestra productividad y en la calidad de lo que hacemos.

Más que creer, debemos confiar en que un taco es más nutritivo que una hamburguesa; debemos confiar en que el café veracruzano, o el chiapaneco, es mejor que el producido con semillas manipuladas genéticamente, ofrecido por la sirena de la doble cola. Pero, para logar ese nivel de confianza, cada uno de nosotros debe abandonar la cultura de la simulación -hacer como que hacemos- y abrazar el compromiso de hacer siempre lo correcto.

A pesar de los pesares, el pueblo llano, como en la historia que le conté sobre la invasión norteamericana, termina siendo el resguardo de la dignidad de cualquier nación; si queremos héroes, no tenemos que esforzarnos tanto; basta con salir a la calle por las mañanas, a ver a nuestros niños cargando, como “pípilas”, sus mochilas, que más que libros llevan esperanzas, y que pesan como un demonio, pues también cargan con las nuestras.

Conozco a muchos que van por la vida haciendo sólo lo que les parece seguro; conozco a otros cuya vanidad no les deja hacer más que lo que les dará popularidad; hay quienes se deslizan por la vida, haciendo solamente lo que creen políticamente adecuado. Ya no nos podemos mentir más, debemos dejar de hacer sólo lo conveniente y comenzar a optar, siempre, por lo correcto.

F. Crisóstomo.

RAÍCES DE INCERTIDUMBRE

No podemos seguir confiando solamente en nuestros militares para alcanzar los objetivos de seguridad nacional que nos hemos propuesto. Debemos tener una fuerza civil igual de poderosa, igual de fuerte, igual de bien financiada. Barack Obama.

En el jardín del pueblo, rápidamente, comenzó a crecer un arbusto; daba unas florecillas que no eran desagradables a la vista, más allá de lo cual, nadie le puso atención. Un domingo de verano, un grupo de pequeños llegó quejándose de ardores por todo el cuerpo; sus padres les descubrieron horribles ronchas sobre la piel. Peguntando a los chiquillos, llegaron al arbusto aquel, para darse cuenta de que sus hojas y ramas estaban cubiertas de ahuates (pequeñísimas espinas) y de que estos habían causado las severas laceraciones.

Indignados, los padres decidieron descargar su ira sobre el arbusto; armados de cualquier objeto que a su paso encontraron, se pusieron a golpearlo. Cada golpe que propinaban en las ramas y en el tronco, provocaba que las diminutas espinas se liberaran en el aire, y muchas de estas fueron a parar en la piel descubierta de los indignados, quienes terminaron rascándose unos a otros, mientras, un abuelo, con su azadón, cortaba las raíces, procurando no sacudir las ramas.

Ya sea en la charla cotidiana o a través de los medios, cada vez con mayor frecuencia, somos alcanzados por mensajes relacionados con tragedias que evidencian nuestra inseguridad. Sin duda, esas tragedias nos causan conmoción, pero, una cosa es conmoverse -que tendría que significar moverse juntos- y otra muy distinta es convertirse en simples cajas de resonancia de la maldad. Tomando como referencia la historia que le conté previamente, ¿es usted de los que ayudan a cortar las raíces o solamente participa sacudiendo las ramas?

Los sacudidores de ramas impulsan nuestros estados psicológicos hacia el miedo, inyectando su propia incertidumbre. La incertidumbre nos vuelve altamente vulnerables a la información falaz; esa clase de información frecuentemente utilizada para categorizarnos en grupos específicos de interés y que, una vez divididos, facilita el enfrentamiento entre grupos, provocando más miedo e incertidumbre, realimentando así un ciclo emocional perverso.

Claro está que hay quienes participan de este sacudir de ramas sin intención, o ni siquiera consciencia; no obstante, existen también quienes lo utilizan como una estrategia, por ejemplo, los vendedores de drogas, quienes inducen miedo en sus consumidores potenciales, luego, los aíslan, provocando que se agrupen en pandillas; enseguida, los proveen de la ilusión de control, por medio de las drogas, el dinero y las armas; con el tiempo, los usuarios estarán tan aislados, adictos y vulnerables que el vendedor de drogas podrá utilizarlos para esparcir cualquier clase de basura que desee vender, desde adictivos menjurjes, hasta ideas tóxicas.

Podemos ver otro ejemplo en el modelo de negocios de los medios de comunicación, en el que la mayoría de sus productos están diseñados para categorizar a sus audiencias y para transformar sus necesidades en deseos y sus deseos en temores. Los medios sacuden las ramas y los anunciantes les pagan por hacerlo; ello posibilita que nos vendan versiones craptásticas (de ínfima calidad) de las fuentes de nuestra felicidad o, incluso, versiones warnográficas (sensualizadas del belicismo) de la violencia. Sólo así podemos entender el éxito de la comida chatarra o el triunfo electoral de algunos políticos basura; así también, es entendible que se instalen como héroes, en la mente colectiva, los matones, los narcos o algunos empresarios voraces y despiadados.

Algo similar ocurre hoy en materia de seguridad, hay demasiada gente sacudiendo las ramas; políticos, militares, policías, fiscales y jueces, todos temiendo que se descorra el velo que cubre sus falencias, todos intentando justificar su ineficacia bajo la alfombra del escaso compromiso ciudadano con el mantenimiento del Estado de Derecho; también están los estudiosos de los fenómenos sociales y políticos que nos saturan de numeralias y diagnósticos, algunos de ellos, como ya lo hemos dicho, con las mejores intenciones. Más aún, no podemos soslayar que, entre todos ellos, pueden existir aquellos que comprenden, utilizan y se benefician de la estrategia del miedo. Ni que decir de quienes han hecho de nuestra inseguridad su negocio, cuyos propósitos de éxito no tienen incentivos para alcanzar mejoría alguna; muy por el contrario, difunden visiones catastrofistas y plantean soluciones que implican una tácita renuncia a nuestros fines convivencia armónica y pacífica, contribuyendo al aislamiento de las personas y al debilitamiento del entramado social; cierra tu puerta, levanta tu barda, desconfía de todo y de todos, reclúyete en espacios controlados, son las típicas recomendaciones que les escuchamos persistentemente, para rematar con la recomendación de comprar tal o cual producto o servicio. En la historia que contamos al principio, estas personas se pondrían a ofrecer sus servicios para rascar las comezones o para extraer los ahuates, pero no dejarían de sacudir las ramas.

De forma alegórica y metafórica, los antiguos alquimistas describían los procesos de mejora. Ellos mantenían una perspectiva sobre la transmutación que debería lograrse de los acontecimientos horribles e inevitables; los entendían como el material primigenio sobre el que habría de iniciar “la gran obra”; el Nigredo -que así denominaban a ese material primigenio- es el precursor del entendimiento y de los logros; ellos creían que, con el empeño suficiente, una persona inteligente podría descubrir la semilla de la solución, escondida en el Nigredo mismo.

Debemos comprender que los acontecimientos horribles de nuestros tiempos son una llamada a la acción, no a la difusión; debemos evitar convertirnos en sacudidores de ramas y trabajar para encontrar, en las raíces de nuestros problemas, las semillas de nuestras soluciones.

Las raíces de la maldad criminal están en la violencia, en todo tipo de violencia; desde la que ejercemos contra nosotros mismos al tratar irrespetuosamente nuestros propios cuerpos y mentes; la que ejercemos contra los que nos rodean, en forma de violencia infantil, intrafamiliar, de género, bullying o mobbing; la que ejercemos mediante las estructuras de control social, limitando las oportunidades de desarrollo de grupos vulnerables, discriminando con criterios xenofóbicos, de raza o de religión y tolerando los abusos de cualquier clase de poder. En las semillas de esa violencia está nuestra propia incapacidad para ser compasivos y empáticos, para respetar y hacer respetar la dignidad humana como valor fundamental de nuestros acuerdos de convivencia.

Pero, aún si no estuviéramos dispuestos a comprometernos en acciones de reducción de la violencia, al menos podríamos comprometernos a no servir de caja de resonancia del terror: a dejar de sacudir las ramas. Podríamos comenzar por negarnos a participar de conversaciones en que solamente se difundan los hechos violentos sin intención alguna de encontrar y aplicar soluciones. Podemos avanzar, explorando en busca de personas o grupos que estén trabajando en soluciones de reducción de la violencia o de promoción de las relaciones empáticas; así también, esforzándonos por desarrollar nuestras habilidades y conocimientos necesarios para comprometernos en esta clase de desafíos, siendo muy precavidos para no caer víctimas de promesas de soluciones milagrosas. Podemos transformar lo más inmediato, aquello sobre lo que tenemos absoluto control: nosotros mismos, para, luego, transformar nuestro entorno familiar y, tal vez enseguida, nuestra comunidad.

Sin importar cuanto se gaste en seguridad, ninguna persona puede decirse segura en un hogar violento, ningún hogar puede ser seguro en una comunidad violenta.

Cortemos las raíces, dejemos de sacudir las ramas.

 

F. Crisóstomo.

AGUSANADOS

Cada historia que creo, me crea. Escribo para crearme a mí misma. Octavia E. Butler.

Años atrás, tal vez ya muchos, por estas tierras cuyo nombre se escribe con la “X” –que algo tiene de cruz y de calvario–, comenzaron a desplegarse los presagios de la calamidad; no fueron estruendosos rayos, ni vistosos cometas, ni espeluznantes alaridos –como las señales que, en el pasado, habían advertido a Moctezuma–, ¡no!; fue un proceso sutil, de silencioso desgaste, desde adentro, muy adentro; fueron gusanos de la mente, como esos que logran que los grillos se suiciden, lanzándose a las charcas.

Por entonces, el establo que, a decir de López Velarde, nos había heredado el Niño Dios, lucía abandonado; el gusano del “cuerno de la abundancia” nos había hecho creer que los veneros de petróleo, heredados del Diablo, eran inagotables: decidimos ignorar que el gusano de la codicia es insaciable.

El gusano del egoísmo destilaba sus venenos en nuestras mentes, haciéndonos perder el interés por aquello que nos era común; dimos al traste con la seguridad pública, con la salud pública, con la educación pública; permitimos que se despilfarrará el erario público; al fin y al cabo, no salía de nuestros personalísimos bolsillos. Carcomida por el egoísmo, nuestra identidad común se pulverizó, dejamos que “lo mexicano” se volviera sinónimo de desgano y desinterés, dejamos de confiar en nosotros mismos y comenzamos a “pretender ser” lo que no somos. El orgullo nacional fue fácilmente barrido hasta el rincón del folclor y del patrioterismo.

El hidrógeno no deja de ser hidrógeno cuando se mezcla con el oxígeno para componer el agua. Sin estructura ni cohesión, salimos a bailar la danza de la globalización; creímos que firmando acuerdos, desde los escritorios, alcanzaríamos las glorias del primer mundo. Así, el gusano de la estulticia no nos dejó ver que los capitales sólo vendrían por conveniencia: nos condujeron a precarizar el empleo hasta niveles vergonzosos. No hubo lugar para la creatividad, la investigación y el talento; bastaba con la mano de obra barata, cada vez más barata.

Pero, la gallina de los huevos de oro ha muerto; del cuerno de la abundancia sólo queda el cuerno, adornando la testa del enigma que se burla a carcajadas por habernos tardado tanto en resolverlo: ¿cómo, a pesar de tan baja productividad, México puede tener tantos millonarios?

Si las fortunas no se amasan con productividad, la vía alterna es la corrupción; en principio, la corrupción del Estado, de las instituciones del Estado responsables de la distribución de la riqueza. Ahí fue donde el gusano de la indolencia nos impidió ver que crecía y se enraizaba una kakistocracia, colmada de sátrapas y cínicos. Arrancarla no será tan fácil como quitar a unos para poner a otros; no se trata de elegir al más capaz, al más carismático, ni siquiera al más honesto; se trata de construir las instituciones que puedan evitar que las carencias técnicas o éticas de quien elijamos nos causen daño.

Hoy la mente colectiva está invadida por los gusanos de la desconfianza, del miedo, de la corrupción; son esos gusanos los que, como al grillo, nos tienen en el borde de la charca. Somos, las historias que nos contamos y nos creemos; debemos expulsar los gusanos de la mente colectiva, reconstruyendo la narrativa nacional, comenzando por una descripción honesta de nuestra realidad:

  • No somos el cuerno de la abundancia, sólo el trabajo productivo nos traerá el bienestar anhelado.
  • Nadie podrá salvarse por su cuenta, el egoísmo no es la alternativa; reconstruyamos el orgullo nacional, basados en la productividad y en la calidad.
  • La desigualdad destruye los fundamentos de la Patria. En el naufragio, nadie está a salvo cuando las carencias aparecen.
  • En las modernas economías, la moneda de cambio es el talento. Ceder a la precarización del empleo nos abarata y embrutece como Nación.
  • Seamos una economía de mercado para facilitar el intercambio, pero, no nos convirtamos en una sociedad de mercado, donde todo, hasta la dignidad, está a la venta; reinventemos la educación pública, la salud pública, la seguridad pública.
  • Reconstruyamos nuestras instituciones y nunca más dejemos de vigilarlas. Ahora que los veneros de petróleo se han secado, la corrupción y el dispendio de lo público arrebatarán el pan de la boca de nuestros hijos.

Los nuevos tiempos son páginas en blanco que habremos de escribir, ¿qué queremos que se lea de la historia común que hoy escribimos?

F. Crisóstomo.